Apreciados lectores:
Hemos llegado al número 33 de Frontera
Biotecnológica en una temporada en la que
hemos sido testigos de eventos trascendentes
en la historia universal. Por un lado, un
conflicto bélico que ha traído muerte y tristeza
y que, a pesar de llevarse a cabo a miles
de kilómetros de distancia, no solo afecta lo
económico, sino también el ánimo; por otro,
los avances científicos continúan despertando
asombro y recordándonos nuestra capacidad
de imaginar y construir futuros distintos,
ya que fuimos partícipes de la emoción
que significó el regreso a la Luna, aunque
fue un viaje de ida y vuelta sin alunizaje, nos
quedamos maravillados como niños desde
el despegue hasta su amerizaje del Artemis
II. ¿No es este contraste una invitación a
reflexionar sobre el papel de la ciencia en
nuestra vida cotidiana?
En este contexto, los trabajos que integran
este número nos muestran distintas formas
en que la biotecnología responde a los desafíos
actuales. ¿Sabían que, por medio de la
biotecnología, los hongos pueden emerger
como una fuente proteica innovadora ante los retos ambientales? En este número conoceremos
cómo las micoproteínas pueden
convertirse en una alternativa a la proteína
animal, además de aportar fibra y micronutrientes
con beneficios para la salud.
Y si hablamos de diversidad, no solo biológica
sino también cultural, así como antes
del hombre (homo sapiens) hubo neandertales,
en el caso del maíz también, conoceremos
una especie conocida como “maíz ajo”
cuyo valor no radica en su productividad o
en su uso culinario, una variedad poco común
que se distingue por una morfología
singular y una historia estrechamente ligada
a prácticas rituales y cosmovisiones indígenas,
ya que como dijeran por ahí… “No
solo de masa vive el hombre” y como todo
mexicano debemos de conocer y entender.
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el uso de
la ciencia pierde su equilibrio? El uso de
los antibióticos nos ha evitado innumerables
calamidades, sí, pero su uso excesivo,
la mala gestión y las prácticas inadecuadas
han provocado la propagación acelerada de
bacterias resistentes y multirresistentes. Y
si no cambiamos nuestra mentalidad y conciencia,
¿podríamos enfrentar la pérdida de
millones de vidas en los próximos años? La
respuesta nos invita a actuar: no a la automedicación.
Pasando a un tema que seguramente despierta
el interés de muchos… ¿Gustan un cafecito?
El café natural, producido mediante
métodos ancestrales, hoy adquiere relevancia
científica por su impacto sensorial y su
contribución a la sostenibilidad ambiental.
¿Es posible equilibrar tradición e innovación
en los procesos productivos? En este número
exploraremos cómo lograrlo.
Y en esta misma línea de innovación, ¿sabían que es posible multiplicar
plantas mediante tecnologías de micropropagación con
sistemas de inmersión? Estas herramientas permiten no solo la
producción de cultivos de interés, sino también la conservación de
especies y la reforestación de ecosistemas. Interesante, ¿no creen?
Por otro lado, existen compuestos que, aunque muchas veces pasan
desapercibidos, están presentes en numerosos productos de
nuestra vida cotidiana. ¿Han escuchado hablar de los biosurfactantes?
Estos compuestos anfipáticos, producidos por microorganismos,
tienen aplicaciones en industrias como la alimentaria, farmacéutica,
cosmética e incluso la petrolera, y representan alternativas
más sostenibles frente a compuestos sintéticos.
Finalmente, ¿sabían que existen moléculas de origen vegetal con
múltiples beneficios para la salud? Las pectinas, conocidas desde
hace más de 200 años, presentan propiedades antioxidantes, antiinflamatorias,
prebióticas y potencialmente antitumorales. Además,
son ampliamente utilizadas en la industria alimentaria por su
capacidad de estabilizar y aportar textura. ¿No nos recuerda esto
aquella frase atribuida a Hipócrates: “Que la comida sea tu alimento
y el alimento tu medicina”?
A pesar de la incertidumbre a nivel mundial, que este número sirva
como recordatorio de que no vivimos de manera aislada. Por grande
que sea nuestro planeta, cualquier efecto en él repercute en todos
los seres vivos, incluidos los microorganismos que tanto protagonismo
tienen en nuestra revista. Que vengan tiempos mejores
es lo que deseamos, y mientras tanto, continuaremos trabajando
por nuestro querido México, desde la trinchera de cada uno, con
compromiso, responsabilidad y humanidad. Esto nos lleva, como
siempre, a compartir con ustedes el espíritu de nuestro querido
lema politécnico:
“La Técnica al Servicio de la Patria.”